Blog - Página 2 de 3 - Escritura Eficaz

Si el hombre no sueña, se muere: y los sueños perviven en los libros. El hombre que no lee… es un zombi.

Si el hombre no sueña, se muere: y los sueños perviven en los libros. El hombre que no lee… es un zombi.

Miguel Janer
  blog

 

Contempla este corto animado: una hermosa alegoría sobre los libros y la lectura. Una hermosa utopía, como la que pudo soñar Dios cuando enseñó a algunos hombres y mujeres a escribir libros maravillosos, creyendo que otros muchos los iban a leer compartiendo su divina belleza…

Las ventajas de seguir escribiendo a mano en el mundo de las TIC

Miguel Janer
  Enseñanza Profesorado TIC

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El País publica un interesante artículo, con el título La letra, con ‘smartphone’ entra, acerca la multitud de errores lingüísticos que comenten  los jóvenes universitarios españoles en sus exámenes y trabajos: faltas de ortografía, discordancias, mal uso de pronombres y tiempos verbales, poca coherencia en el discurso… etcétera, para desesperación de profesores y académicos.

Muchos echan la culpa del fenómeno a las nuevas tecnologías y los teclados digitales. Pero no se trata tanto de buscar culpables, como de utilizar cada cosa para lo que vale. Un profesor de secundaria de Valladolid explica que lo fundamental es ser capaz de cambiar de registro según la ocasión. “Si escribes un mensaje con el móvil, utilizas abreviaciones por economía de medios, y eso está bien. El problema surge cuando no sabes cambiar de registro al redactar un examen y utilizas las mismas abreviaciones o sintaxis”.

El informe Samsung Galaxy Note 4 de hábitos de escritura en España preguntado a los jóvenes por los principales beneficios de la escritura a mano: un 65% contesta que si escribe a mano es por “no perder el conocimiento de las reglas de ortografía” y un 60%, para “no perder en la calidad de la redacción”. La intención es clara: quieren escribir a mano porque quieren escribir bien, pero no lo consiguen del todo. Algunos estudios estadounidenses destacan las ventajas de escribir a mano, sobre el ordenador, al tomar apuntes o hacer resúmenes: mejora la comprensión y favorece la memorización de los textos.

El departamento de Filología Hispánica y Clásica de la Universidad de León, realizó un estudio de las faltas de ortografía y de redacción en los trabajos académicos de alumnos universitarios. Concluyó que el problema es la falta de revisión de los trabajos. “La inmediatez provoca los errores”. No existe el hábito de revisar los textos y así, aunque se conocen las reglas ortográficas y gramaticales, se producen errores. “Una alumna repite la misma palabra tres veces en una frase porque no lo ha revisado, no porque no conozca sinónimos para enriquecer su texto”.

Ignacio Bosque, de la Real Academia Española, admite “un déficit muy grande en la capacidad de escribir en las universidades, pero no es culpa de las nuevas tecnologías, es que se lee muy poco. Únicamente se escriben y leen textos muy breves por Internet”. Lo que provoca una falta de conocimiento del léxico y la sintaxis muy grave. El lenguaje de las redes sociales es circunstancial, no importan los errores de sintaxis, pues es muy parecido al lenguaje oral. En el lenguaje de los móviles importa poco la corrección gramatical, lo importante es transmitir la idea. Lo preocupante es verlo en un examen o en un trabajo universitario. Existen varias soluciones, que pasan, sobre todo, por escribir más a mano.

http://escrituraeficaz.es/el-metodo-de-las-llaves-de-la-escritura-eficaz/

Camino de Santiago con parte de mi familia (Anna, 12 años)

Miguel Janer
  Sin categoría

2014-07-10 13.26.44

Yo quiero ser escritora

Hola, me llamo Anna y me gustaría contaros lo divertidos y duros que han sido cinco días. En ellos, Marta, Manuel, María, mi padre y yo hemos hecho  unas cuantas etapas del CAMINO DE SANTIAGO:

PRIMER DÍA                                                                                                                    Nos despertamos muy muy pronto para llegar a “O Cebreiro” para comer, ya que desde Madrid se tardaban tres o cuatro horas en coche. Todos estábamos emocionadísimos por llegar, aunque yo estaba un poco asustada, porque mi padre nos tenía que dejar en el  pueblo de arriba y él irse al parking que había abajo. Aunque luego la preocupación se me fue al ver el pueblo.

 No era muy grande (bueno no lo sé muy bien, porque solo estuvimos en una parte). Había una iglesia pequeñita a la entrada, y nos metimos en los “jardines secos” de la iglesia para comer. Papá nos sacó los bocatas de jamón y queso, y me dio veinte euros para unas bebidas. Cuando estábamos comiendo, Manuel y yo bajamos hasta un bar donde ponía “Taberna” o algo así; cuando bajamos por las escaleras de la entrada, yo me asuste un poco porque dos señores calvos, con barba y enormes estaban sentados bebiendo cerveza, como en las pelis, pero resulta que no pasaba nada.

  Papá llego muy pronto, porque cogió un taxi, y nos hicimos una “credencial” para el camino. En la credencial ponías sellos en unas casillas cada vez que pasabas por algún albergue o bar. Empezamos a caminar como a las tres, teníamos que llegar al “Alto do poio”, que en español significa “El alto del poyo”. Había que andar nueve kilómetros para llegar al albergue, no era muy cansado pero al final había que subir “la madre de las cuestas”, que eso sí que me canso muchísimo, y a todos, aunque María y Marta la subieron corriendo.

En en el albergue papá me compró un helado y luego jugamos un montón fuera. Más tarde, mientras nos duchábamos por turnos, papá nos preparó la cena en la habitación, porque no había cocina. Fue una de las cosas más divertidas que hicimos.

SEGUNDO DÍA                                                                                                              Nos despertamos y papá calentó la leche porque hacía mucho frío. Luego salimos a caminar porque teníamos que llegar a “Triacastela” para comer, que eran 12 km y luego nueve hasta Samos.

En el camino papá nos contó la historia de Sansón. A Marta se le quedó grabada, sobre todo una parte en la que a Sansón le arrancaron los ojos los filisteos, por eso luego le dio por escribir en una libreta los nombres de los protagonistas.

Al llegar a Triacatella estábamos agotados, pero lo compensamos con unos macarrones buenísimos, aunque yo no  tenía mucha hambre.

Empezamos a andar a las tres, igual que el día anterior, y podríamos haber llegado antes a Samos, pero estábamos tan tan cansados que nos íbamos parando cada diez minutos.

Al llegar a Samos, vimos el Albergue que era genial. Era solo para nosotros porque nadie más había ido. Por la noche, la señora de recepción se fue a su casa y nos quedamos en una especie de comedor que tenía una tele.

TERCER DÍA                                                                                                               Teníamos que llegar de “Samos” a “Sarria” para comer, que se suponía que eran nueve kilómetros, pero el que había escrito la guía o se lo había inventado o no había hecho el camino de Santiago en su vida. porque eran muchos más de nueve kilómetros. Se suponía que llegaríamos a Sarria a las dos como muy tarde, pero como eran catorce kilómetros, llegamos a las cuatro a comer. Ya no podíamos más. Y nos dimos cuenta de que no eran 9 kilómetros, porque cuando ya habíamos recorrido esos 9 kilómetros, ¡unos señores nos dijeron que todavía quedaban 6! Hasta Barbadelo, que es donde nos teníamos que quedar a dormir, fuimos en taxi.

Dormimos en un hotel genial, que tenía una piscina alucinante, Marta y yo, mas yo que ella, no podíamos más, así que papá dijo que al día siguiente nos quedábamos en el hotel, pero María y Manuel querían andar, así que en vez de ir todos hasta “Porto Marín” a dormir, solo fueron ellos con papá y volvieron en taxi.

CUARTO Y ÚLTIMO DÍA                                                                                        Este fue, en mi opinión, el mejor día de todos, Marta y yo nos despertamos a las ocho, desayunamos en el restaurante y luego fuimos a la piscina. Después fuimos a la sala de la tele, hasta la hora de comer, y después de comer, también en el restaurante. Vimos, otra vez la tele, hasta que llegaron los caminantes.

Nos fuimos todos a la piscina y jugamos un montón, luego cenamos y a la cama.

No sé qué tal fue el camino de María y compañía, pero papá me contó que cogió a Manu a caballito un rato y a los cien metros le dijo

-Papá, bájame que me da vergüenza

Y que no consiguió volver a subirle más.

Al día siguiente, a las nueve nos subimos a un taxi, en el que vomité, para volver a “O Cebreiro donde dejamos la furgoneta, y luego en coche a casa.

El año que viene repetiremos, porque ha sido genial.

FIN